Desde tan lejos... nunca pensé que razonaba como el resto de la gente. Desde tan lejos, nunca imaginé que pudiera acercarme tanto al presente.

viernes, noviembre 04, 2005

Ladridos

Lo siento. No aguanto al perro del vecino. Ladra. Ladra. Ladra mucho. Y no es mi vecino de al lado, es mi vecino de enfrente, a quince metros de mi puerta.
Por las mañanas, cuando salgo a trabajar, ladra. Ladra mucho. Y no es un ladrido de perro normal, es un ladrido agudo, que se te clava en el oído. Y cuando vuelvo de trabajar, ahí está otra vez, ladrando detrás de la puerta. Ladrando como si tuviera una aguja clavada en el estómago, como si fuera un "castrati" contento de escucharme subir las escaleras. Y os juro que he intentado imaginarme que el perro ladra porque es feliz de escucharme, pero aún así nada, no consigo cogerle cariño. Una vez intenté que no me escuchara mientras subía las escaleras. Subía de puntillas, con unos pasos ágiles y elásticos dignos de la mismísima Isadora Duncan y justo bajaba un vecino por lo que tuve que recomponer mi gesto y parecer una persona coherente. Y nada. Ladrido al canto. Además el vecino me mira como si fuera anormal.
Como siga así, dentro de poco soy yo el que me adelanto al perro y le ladro.

3 comentarios:

illa dijo...

Ládrale, a ver cómo reacciona :)

ladhu dijo...

Despúes de ladrar al perro, mis vecinos me miran aún más raro...

Anónimo dijo...

te rebajarias a su nivel perruno.
y tu no quieres eso.
míralo como una prueba a tu capacidad de paciencia zen.
si no funciona esta claro.
ládrale.
pero no sólo a el.