Desde tan lejos... nunca pensé que razonaba como el resto de la gente. Desde tan lejos, nunca imaginé que pudiera acercarme tanto al presente.

jueves, junio 29, 2006

Pause, reset, rewind

Un cinta de casete puede tener metros y metros de tiras de plástico alargadas. Estas tiras de plástico albergan una fina capa de material magnético donde guardan los datos que serán a su vez leídos por un cabezal. Este cabezal interpretará esos datos, por regla general, música.

Todas las cintas de casete tienen una duración, un comienzo y un final. Poseen además dos caras, la cara A y la cara B. Por ende, las cintas de casete pueden ser grabadas una y otra vez, mientras la pestaña de plástico de su parte superior permanezca intacta. Si eliminamos esta pestañita, la cinta permanecerá protegida y no podrá borrarse su contenido.

A lo largo de la vida una persona puede mostrar diferentes caras ante los demás. Todos tenemos nuestra cara A, o nuestra cara B. Las hay que tienen muchos más registros que esas dos caras, pero también hay personas que no cambian de cara, o bien las dos caras son iguales.

Nos pasamos el tiempo grabando vivencias una encima de otra. Rebobinamos, y grabamos, avanzamos, y grabamos. Los recuerdos permanecen ahí, hasta que los borramos. Aunque si no rebobinamos lo suficiente, nuestros recuerdos más antiguos permanecen, se quedan en la cinta.

Hay personas rígidas, que en su creencia de haber vivido un tiempo lo suficientemente feliz, quitan, arrancan las pestañitas de sus cintas, y no permiten que nada, nadie, nunca, grabe encima de sus recuerdos, protegiendo lo que creen que fueron tiempos felices. Se equivocan.

Algunos se arrepienten de proteger sus recuerdos, y restablecen con cinta adhesiva la pestañita que permitía grabar sobre sus vivencias, porque de pronto su vida cambia, se transforma.

Muy pocas veces, la cinta se descomponía, soltando metros y metros pensamientos. Y con una ansiedad insana la gente se dedicaba sin escrúpulos a quitar, sacar, esparcir toda la cinta.

Yo quiero que tu cinta tenga un comienzo. Que la infancia se grabe al inicio de tu cara A, feliz, vital, expresiva, y que cada momento que merezca la pena vivir se grabe. Para que cuando no estemos en el mejor de los instantes, rebobinemos. Rebobinemos hasta encontrar aquellos recuerdos. Y una vez lleguemos a los malos otra vez, grabemos sobre ellos.

No obstante yo quiero que dejes también algunos momentos difíciles, en medio de cada cara. Porque mientras tengamos espacio en la cinta, podremos rebobinar cada vez que superemos las dificultades, y acordarnos de todo lo que nos ha costado llegar hasta aquí.





Y quiero comenzar la cara B de la cinta, resumiéndote, y contándote. Y no quiero proteger mi cinta. Quiero que todo el mundo escriba, se grabe, se haga notar en mi cinta. Si no tengo espacio suficiente, ya me cuidaré de borrar lo que menos me importa. No quiero pasar de prisa mi cinta, quiero saborear cada minuto, darle la vuelta a las caras, escuchar lo bueno y lo malo. Yo quiero ser la cinta que alguien un día puso a grabar una noche de 1979, y todavía ni si quiera ha cambiado de cara. Yo quiero seguir escuchando.

2 comentarios:

illa dijo...

Genial la metáfora. Por cierto, ¿sabes que seguramente en menos tiempo de lo que creemos (quizá ya para algunos) esta información acerca de los casettes tendrá gran valor histórico (no sé si histórico, pero valor)? Ay, aquellos tiempos de los cassettes! Aunque a mí se me liaba la cinta más a menudo de lo que comentas ;)
Tb a veces borramos cosas sin querer, y cuando nos damos cuenta nos arrepentimos. O borramos algo queriendo, y luego nos arrepentimos igual, porque, al fin y al cabo, de todo se aprende y todo forma parte de nosotros. Pero es cierto que una cinta siempre tiene un espacio limitado (¿eran de 90,60 y 120?)y a veces..hay que seleccionar. No por nada nuestra memoria es selectiva :)

ladhu dijo...

Gracias,
La memoria es tan selectivas, que veces, no nos conformamos con olvidar lo que no queremos, sino que se nos olvida, aquello que queremos.