Desde tan lejos... nunca pensé que razonaba como el resto de la gente. Desde tan lejos, nunca imaginé que pudiera acercarme tanto al presente.

jueves, junio 01, 2006

Fábula de la Luna, y la Estrella

Existía el cielo. Y en el cielo habitaba la Luna.

Existía el cielo. Y el cielo estaba lleno de estrellas

La Luna era sola, era única, era especial, porque desde niña aprendió a manejar las mareas y establecer los ciclos de todo lo relativo a lo que suponía querer, amar, sentir. La Luna era la dueña de los sentidos de todo sobre lo que daba vueltas. La luna era distinta. La Luna se sentía sola en un mar de estrellas y planetas. La luna siempre quiso ver el matiz con el que cada una de las estrellas se definían. La Luna no supo amar hasta que sin nada que perder, se dejó llevar por sus sentidos. Quizás porque había nacido Luna, quizás porque la habían hecho creer que era Luna, y que las Lunas se debían a su planeta. Pero no. La Luna no se sentía satélite. La Luna era todo para todos y todas. La Luna no diferenciaba en el amor entre planetas, estrellas y soles. La Luna simplemente quería, amaba. La Luna escondía en su fuerza el miedo a no ser querida. La Luna reñía con la injusticia y con la intolerancia. La Luna estaba viva, era sangre, era vida en el universo.

Y la Luna encontró la Estrella. La Estrella. Ella, sí, Ella. Aquella estrella que sin ocupar el cielo, lo llenaba todo con su espíritu. La Estrella que colmaba sus sentidos. La Estrella que acurrucó a la Luna, cuando ésta más lo necesitaba. Y entonces la Estrella comenzó a enredar con su tiempo la vida que emergía dentro de la Luna, como un iceberg, que descubre la punta, y deja entrever la profundidad de sus sentimientos. Y la Luna desataba el nudo, con la pasión de descubrir en fondo blanco, la sutileza de un roce, de una caricia, de una mirada.

Y la Luna se dejó querer. Y la Estrella se dejó sentir. Y eran dos, pero eran sólo una. Eran la sinergia de sus sentidos, eran el todo y la nada. Eran Luna y era Estrella. Una vez, solamente una vez, bastó para que se enredara la dueña de los ciclos de la vida, con la culpable del brillo del cielo. Y la Luna que siempre se perdía, se acababa encontrando con la Estrella. Y de este modo, en el cielo, cada vez que hay Luna llena, siempre hay una Estrella que henchida de orgullo, presume de sentimientos. Son la Luna y la Estrella, y al resto del universo sólo le queda mirar con curiosidad esta unión, tan limpia, tan pura.

3 comentarios:

jAVieR dijo...

mE dejas impresionado, que estarás aSPIRANDO cuando escribes esto, mejor que pienses en no volver a salir a correr a la m30.
jEjE

jAVieR dijo...

lo siento, pero estoy ultimamente muy sIMPLE

Anónimo dijo...

El mar, las plantas, los hombres, los animales bailan al son del romance entre la Luna y su estrella estación tras estación.